Junio 2017

Aprovecho este medio para agradecer a Waco su trabajo, su servicio y su visión. Cuando le conocí por primera vez hace ya algunos años en una charla impartida en Albacete, vi en él honestidad y sencillez. Eso me hizo acercarme y confiarle mi momento y mi dificultad. Más tarde, a lo largo de sucesivas entrevistas y trabajos personales (talleres, consultas privadas, etc.), fue trazando un “nuevo camino” en mi retina que yo no atinaba a ver por mí misma. El trazo era inspirado por lo que él llama: “los espíritus” y, desde la resonancia que en mí tenía como mensaje certero y lúcido, confié. No confiaba “la cabeza” -que siempre nos coloca en laberintos y vericuetos- confiaba en lo que mi cuerpo y energía percibían tras su trabajo de consejo y sanación: vitalidad, fuerza, claridad mental, impulso, alegría… belleza.

Ahora vivo en otro lugar, el dictado por los espíritus; ahora he soltado el trabajo que tan bellamente ha estado urdiéndose a lo largo de los años para abrirme a una nueva aventura que está por conformarse, por definirse. Me alejé de lugares “de muerte” para acercarme al lugar donde late la vida, su misterio y su propósito.

Cuando los ojos humanos no aciertan a ver por causa de su ceguera y confusión, hemos de acercarnos a aquellos que pueden ver, como águilas, desde “las alturas”. Hay una “mirada” que sólo el alma alcanza a expresar y esa, l@s buenos chamanes, la saben leer, comprender y transmitir.

Gracias por tu trabajo Waco, por tu generosidad para conmigo, por tu incondicional presencia cuando te he necesitado y tu valentía de “ejercer” de chamán, en un tiempo donde los sonidos del tambor se han apagado y los cantos sagrados están silenciados por los ruidos de la prisa, la rutina y la desconexión.

Paz y luz para cada sendero.

 

Rosa (Cuenca)